¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando aprendemos?

A éstas y otras muchas preguntas puede dar respuesta la neurociencia, un interesante punto de vista para la forma en que educamos, ya que se encarga de estudiar el funcionamiento de la mente y de qué forma se crean nuevas conexiones entre neuronas cuando aprendemos cosas nuevas.

La neurología sugiere que las conexiones entre las neuronas son la raíz de la inteligencia (no las neuronas en sí mismas). Y esta conexión es lo que se llama sinapsis. ¿Por qué es importante señalar esto? Porque si uno se quedara con la mitad de la ecuación, es decir, con que se debería tener en cuenta cada uno de los cerebros en cuestión (de estudiantes y docentes), habría tantas metodologías pedagógicas como cerebros. Evidentemente, esto no es posible. Pero sí, intentar metodologías que agrupen conexiones similares, que asocien necesidades, que conformen red, que trabajen colaborativamente.

En el aprendizaje desde la neuroeducación es importante destacar tres factores directamente relacionados que resultan imprescindibles: la emoción, la atención y la memoria.

A pesar de que aún queda muchísimo camino por delante en este campo, la neurociencia ya ha descubierto algunos elementos que han resultado ser esenciales para favorecer la creación de nuevas conexiones entre neuronas y, por lo tanto, para el aprendizaje.

Emoción: A diferencia de lo que se creía antaño, las investigaciones en neurociencia revelan que no podemos separar lo cognitivo de lo emocional. Y ello sugiere la importancia de generar climas emocionales positivos en los entornos educativos en los que se asume con naturalidad el error, se coopera, se participa activamente en el proceso de aprendizaje y en donde las expectativas -tanto de profesores como de alumnos- son siempre positivas.

Atención: resulta especialmente relevante en educación la atención ejecutiva, aquella que nos permite estar concentrados durante una tarea inhibiendo estímulos que consideramos irrelevantes. Las investigaciones en neurociencia han demostrado que esta importante atención ejecutiva puede mejorarse con programas específicos de entrenamiento cognitivo. Pero también a través del ejercicio físico y del mindfulness

Memoria: La memoria y el aprendizaje son dos caras de la misma moneda. No podemos aprender sin memoria ya que consolidamos la información adquirida para recuperarla cuando es necesario. Aunque existen distintos tipos de memoria que activan regiones cerebrales concretas que debemos conocer para aplicar las estrategias educativas adecuadas.

Resumiendo, algunos de los conocimientos sobre el cerebro que pueden contribuir a revolucionar la práctica pedagógica:

*Las emociones son las protagonistas: El estado emocional condiciona fuertemente el funcionamiento del cerebro. El estado de ánimo puede modular las funciones cerebrales superiores (lenguaje, toma de decisiones, memoria, percepción, atención…), determinando la adquisición de nuevos conocimientos. ¡Acompaña el aprendizaje de emociones positivas!

*No hay “buenos” ni “malos” estudiantes: El cerebro ha demostrado tener una increíble capacidad de aprender y reaprender, y por eso no debemos pronosticar el éxito o fracaso de ningún estudiante. Los cambios que sufrirá su personalidad a lo largo de su vida hacen que no podamos establecer que un determinado comportamiento se repetirá durante muchos años sin alteraciones.


*Evita el estrés: Es importante intentar proporcionar al alumnado un clima positivo y seguro, evitando palabras y actitudes que provoquen situaciones estresantes en ellos. El estrés, entre otras muchas consecuencias, disminuye la capacidad cognitiva y su estado emocional.


*Planifica experiencias multisensoriales: Intenta emplear diferentes recursos para presentar la información de forma atractiva para favorecer el aprendizaje. Las experiencias que nos permiten percibir el mundo a través de todos nuestros sentidos permiten que el aprendizaje sea mucho más significativo.


*Se aprende con todo el cuerpo: Un error muy común y repetido desde hace décadas es pensar que el conocimiento y la mente son la misma cosa. Muy lejos de esta teoría, los últimos experimentos nos enseñan que los ejercicios y el movimiento están íntimamente ligados con el aprendizaje, demostrando que cuerpo y cerebro aprenden juntos.

Para reflexionar

Por Melina Cocaro
Lic. En Administración con especialización en negociación estratégica.
Cursando el último año de la carrera de Lic. En Psicología, estudios en Psico-
oncología, Psicocardiología, Psicogastroenterología, Neuropsicología entre
otros.
Consultoría en Salud Organizacional, Talleres y capacitaciones para Empresas
y Sistemas de Salud. Consultas al 2346-542222

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .